Standstill es el mejor grupo nacional. Y con esto podría acabar la crónica. Pero no sería justo. Sería como alabar solo el juego del Barça y restar meritos al Real Madrid que aguantó hasta el final. Y no mencionar que hay un Valencia o un Sevilla por ahí dando guerra. O lo que es lo mismo, tras la banda de Enric Montefusco, hay unos tal Love of Lesbian que prácticamente están a su nivel. Un poco más alejados, Vetusta Morla y Lori Meyers. Y todos ellos se juntaron el pasado fin de semana en una ciudad deportiva de Benidorm.
La tercera edición del Low Cost será recordada porque juntó a las cuatro bandas más en forma del indie nacional. Hay quien dirá que no estaban Los Planetas. Otros que Triangulo de amor bizarro. La música es subjetividad y es parte de la grandeza que tiene. Pero nadie puede negar que Lori Meyers son los mayores revienta-festivales que hay ahora mismo, que Vetusta Morla llegan a la gente de una manera sobrenatural y que Love of Lesbian tienen las mejores letras y el top 3 de mejores directos nacionales. Y luego está lo de Standstill. Son más de culto y tienen menos ventas. Carecen de la parte histriónica-simpática de Santi Balmes o no se mueven sobre el escenario como Noni y los suyos. Da igual. Enric, los Rickys o Piti Lavado ofrecen lo más esencial de un concierto, que no es otra cosa que la representación máxima del presente. El placer de lo efímero e irrepetible. Acaban con Adelante Bonaparte y se marchan del escenario como si nada. Y tú te quedas ahí, con la camiseta pesando cinco kilos más por el sudor y la sonrisa del estúpido que se acaba de enamorar.
Hay que reconocerlo. Por poco nos lo perdimos. A las doce de la noche del sábado estaban programados Love of Lesbian. Cuarenta y cinco minutos después, Standstill. Si querías quedarte al fiestón lesbiano que se iba a montar, te perdías más de la mitad de la banda de los barbudos. Si querías ir a estos, solo veías tres cuartos de hora de directo lesbiano. Servidor, que ha asistido a una docena de conciertos de Love of Lesbian decidió en el último momento la segunda opción. Disfrutar de la primera parte de LOL, y abandonarlos justo en Incendios de nieve. Y huelga decir que Santi y los suyos ofrecieron un (medio) concierto increíble. El setlist, votado por los fans, fue un continuo ataque de hit tras hit. Que empezaran con la propia John Boy, ya dejaba claro que no iban a dar una tregua y que iban a ponérselo difícil a los “traidores” que íbamos a huir en mitad del concierto. Y costó huir.
El día anterior se pudo disfrutar de la vuelta de Vetusta Morla. Quitando los que pudieron asistir al SOS, la mayoría de la gente no había escuchado la defensa de Mapas en directo. Y la verdad es que Pucho y los suyos han vuelto en plena forma. Supieron intercalar temas de ambos discos a la perfección. Si la elección de Los días raros como inicio del disco es perfecta, en directo es aún mucho más. Una canción especial. Épica. De esas que van poco a poco para acabar en un clímax final que hace que el concierto empiece ya desde arriba. A partir de ahí ya nada puede salir mal. Lo que te hace grande, Un día en el mundo, En el río o Valiente se encargan de ello. Y para el final, catorce mil personas saltando a ritmo de La cuadratura del círculo.
La cuarta punta de lanza del pop nacional es Lori Meyers. El grupo más en forma en directo. Hasta el punto de ir al Dcode o al FIB y arrasar. Y dejar mejor sabor de boca que los propios Strokes. El Low Cost no fue menos. Aunque la gente tardó algo en arrancar, la sucesión de hits de los de Granada acabó consiguiendo que a la gente les “faltara pista para bailar su canción”. Trajeados a lo Reservoir Dogs, ofrecieron el setlist que vienen haciendo en todos los festivales. Y donde están demostrando que Cuando el destino nos alcance era un disco para darle tiempo y juzgarlo en directo. A-ha han vuelto o Mi realidad son ya más coreadas que Dilema o Luces de neón.
Entre medias y lo largo de los tres días de festival, pasearon su directo Fangoria, Mika, Supersubmarina, L.A. (coincidente en horario con Mando Diao, para desgracia de muchos), o Sidonie. La banda de Barcelona abrió la jornada del viernes en el escenario principal. Con poca gente al inicio. Un concierto que resultó algo frío para lo que Sidonie suele ofrecer. Sonaron varios de los temas clásicos de su repertorio, de cuando hacían discos psicodélicos en inglés. Y psicodélico será precisamente el próximo en el que ya están trabajando, del que ofrecieron un adelanto, El bosque.
Pero ninguno de estos grupos eran los cabezas de cartel. Eso correspondía al propio Mika, The Pains of being pure at heart y a Mando Diao. The Pains, muy prolíficos a visitar nuestro país, decepcionaron con un concierto muy lineal en el que ninguno de sus mejores temas del Belong resaltaron. Pasaron sin pena ni gloria por el festival. Por su parte, los suecos de Mando Diao en vez de traer su lado más salvaje y garaje, con This is the modern o Chi Ga, optaron por el lado más acústico y tranquilo. Ejemplos de ello fueron Gloria o Mr. Moon. Incluso en Dance with somebody predominaban más los teclados que las guitarras. A pesar de no ofrecer ese rollo años 60 que los hace tan exitosos, consiguieron poner el escenario principal del Low Cost “patas arriba”.
Al final, una tercera edición que superó con creces a la anterior en todos los niveles (principalmente por el acertado cambio de recinto). Una edición que será recordada porque un puñado de bandas nacionales pusieron a bailar a catorce mil personas. Por encima de la electrónica. Por encima de Mando Diao. Y todo ello en el fin de semana que murió Amy Winehouse.
Por Víctor Sebastián
Enhorabuena por la crónica. Coincido en todo contigo aunque Standstill no me parezcan el mejor grupo nacional pero me gustaron mucho.
Yo fui un Low Cost al que también iban Klaxons y Steve Aoki
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