Ebrovisión 2011, Arroz y Pop a raudales

| Miércoles, 21 de septiembre de 2011

¿Un festival a mitad de septiembre y en la fría provincia de Burgos? ¿Pero aún hay ganas de festivales? ¿Y quienes dices que van? Bueno, pues enfilemos hacia Miranda de Ebro.

Me va a doler decir lo siguiente, pero al césar lo que es del césar. Ni Sonorama, ni Comtepopranea. El Oscar al festival más familiar del país es para el Ebrovisión. No podremos decir que gane en ese “buenrollismo” brutal que genera el Sonorama, pero también se le acerca. Y es una autentica delicia acudir a un festival en el que las masificaciones no existen, hasta el punto de poder asistir a todos los conciertos en primera fila. Salvo Vetusta Morla, quizás el punto álgido de todo el fin de semana.

Una organización perfecta a la cual le sale todo redondo. El camping es en un recinto cerrado. Rollo refugiados, pero a lo indie. Cuando entras a ese recinto y compruebas que prácticamente puedes contar el número de tiendas, te das cuenta de que es muy posible que acabes el fin de semana habiendo conocido a todos los asistentes. Al tratarse de un camping en un pabellón polideportivo (huelga decir que tienes la opción de acampar en el césped de alguno de los tropecientos campos de deporte que rodean el recinto) obviamente las duchas y aseos son los del propio espacio. Traducido: duchas de agua caliente, bancos donde dejar el neceser y la ropa. Un lujazo. Y por cierto, nada del frío polar con el que te amenazaban los expertos en el Ebrovisión.

¿Qué el pabellón del camping no está al lado del pabellón donde se realizan los conciertos? Ningún problema. Autobuses gratuitos (of course) cada diez minutos y durante todo el día. Luego allí, Dj´s pinchando sesiones alternativas a los conciertos, puestos de merchandising, comida y bebida a precio bastante popular. Musicalmente, el Ebro no difiere mucho de lo que se ha podido observar a lo largo del verano. Obvio predominio de bandas nacionales (la crisis azuza) y la oportunidad de poder ver a The View o Micah P. Hinson.

Foto del cantante de The View

VIERNES

Tuvimos que perdernos el primer día (jueves) con su Maga o la sesión del mítico Chema Rey. De hecho, ni siquiera nos dio tiempo a llegar a Supersubmarina en la jornada del viernes. Resulta que Miranda no es Aranda y desde Madrid son unas tres horas y media de viaje. Dio igual, a los diez minutos de llegar uno ya se podía enamorar del Ebrovisión. Un poco tardío descubrirlo en su undécima edición, pero más vale tarde que nunca. Al final, se hizo acto de aparición cuando Lapido mostró sus temas ante un público reducido. El resto hacia botellón a las afueras, suponemos que cogiendo fuerzas para ver a Xoel López.

A eso de las once y media de la noche aparecía sobre el escenario el hijo pródigo. Xoel, que abandonó España en su mejor momento, se ha tirado tres años haciendo las Américas. En ese tiempo el Barça ha ganado dos Champions, hemos entrado en crisis y han aparecido dos fenómenos musical-mediáticos llamados Love of Lesbian y Vetusta Morla. Y claro, la gente parece que diluyó a Xoel en la memoria. Sin embargo, y afortunadamente, le han bastado un par de festivales este verano para pegar un puñetazo en la mesa y decir que aquí está él, y que sigue siendo el número uno. Armado con su guitarra comenzó el concierto en solitario. Empezó defendiendo “Los días frios”, tal cual había empezado un día antes en el tercer aniversario del Picnic Bar de Madrid. Tras Vivir en la oscuridad, apareció el resto de la banda para encarar los temas más cañeros de sus últimos discos: “Simone”, “El cielo de Madrid” o “Pájaros negros”. Esta última con una parte instrumental de más de tres minutos. Para que digan que se ha latinizado en exceso. Sin embargo, ese deje latino-brasileiro tampoco quiso esconderlo (y no queremos que lo haga) y lo mostró en “Hombre de ninguna parte”, “Quemas” o “Párame el tráfico”, tema de su proyecto con Félix Arias, “Lovely Luna”. Xoel, que se vuelve a marchar unos meses antes de regresar en marzo con la publicación de su próximo disco, se despidió tal y como hizo en el Sonorama 2008, con “Es verdad” y “El amor valiente”. Y lo hizo eufórico. Sabiéndose que cuando regrese seguiremos aquí.

Tras la clase magistral del gallego, aparecieron los escoceses The View. Con mucha pose a lo Albert Hammond Jr. y con un puñado de temas enérgicos pero carentes de carisma. Para pasar el rato y bailar un poco. Al contrario que Mendetz, triunfadores en anteriores ediciones del Ebro, y que hicieron saltar al personal con temas como “Freed form Desire”.

Foto de Mica P. Hinson

SÁBADO

Al más puro estilo Sonorama despertamos en la jornada del sábado. Con madrugón para enfilar hacia otra parte del pueblo y poder disfrutar de los conciertos matutinos. Probablemente, lo mejor de festivales realizados en estas tierras menos calurosas sea esto. El poder despertarte en tu tienda sin esa sensación de que te están friendo en una sartén, y que tienes por delante cinco o seis horas que matar sin saber ni cómo. Ahí, el Ebro y el Sono ganan por mucho. Con ofertas de conciertos desde las doce del mediodía. Y en el caso de esta edición del Ebrovisión, con el plato fuerte de Micca P. Hinson. Aún convaleciente del desafortunado accidente que tuvo con los Tachenko, y con el brazo izquierdo en cabestrillo, interpretó el “Trompe le Monde” de los Pixies. Y lo hizo evocando a los propios Pixies, pero también a Tom Waits, Nick Cave o el mismísimo Bowie.

Tras el concierto del de Memphis, había que reponer fuerzas con la extraña paella (o macarrones para los menos aventureros) que ofrecía el festival. Mientras tanto, podías disfrutar de conciertos a bordo del Red Bull Tour Bus. En una bonita plaza, y con tu cañita y tu plato de arroz. Así, disfrutamos del buen hacer de Eladio y los seres queridos. Los cuales se atrevieron hasta con referencias a Kiko Veneno en la canción con la que abrieron, “La Cruz”. Y si sales inmune de versionar al maestro Kiko, puedes permitirte acabar con el “Forever Young”. Y poner en pie la plaza por primera vez en toda la tarde.

Tras una merecida siesta, debutamos en la jornada nocturna con los vascos de Atom Rhumba, que se propusieron poner el rock al festival y lo consiguieron. Con menos intensidad se vivió el directo de Erland & The Carnival. La gente iba en aumento conforme pasaban los minutos, pero se notaba en el ambiente que todos estaban esperando a “los vetustos”. Tan solo había que echar un ojo por los alrededores del pabellón para darte cuenta de ello. Botellones o gente en las sesiones de Dj´s. Incluso había un lleno en el bar viendo el Sevilla – Real Sociedad. Así pues, con la ansiedad por las nubes esperando a la banda de Tres cantos, antes había que disfrutar del buen hacer de Javiera Mena. Lo que se propone lo sabe hacer bien, electro-pop resultón acompañada de su original voz. Y para intentar levantar a la gente, rescató un mítico y olvidado tema como “Yo no te pido la luna”.

Foto de Javiera Mena

Y por fin, pasadas la una de la madrugada, la razón de ser de la jornada del sábado. Record de asistencia con siete mil almas (el único momento que no se podía acceder a primeras filas con facilidad) para ver a Vetusta Morla. Tras el Low y el Arenal Sound, tercera oportunidad para evaluar cómo está tratando el paso del tiempo a Mapas. Y la verdad, y sin ganas de hacer sangre, siguen tirando mucho más todos los temas del primer disco. A pesar de ese gran inicio que es “Los días raros” u otros temazos como “Lo que te hace grande”, “El hombre del saco” o “Boca en la tierra”, la gente se puso en pie con “Copenhague”, “Rey Sol” (servidor incluido) y “Un día en el mundo”. “Sharabbey Road”, aunque ya no cierra los directos, sigue siendo el climax y la unión perfecta entre banda y público. Un público que pensaba que no podía dar más tras el cierre de Pucho y los suyos con una explosiva interpretación de “La cuadratura del círculo”. Extasiados, sudorosos y sin resuello, muchos estarían pensando en abandonar… pero, como ya ocurrió en el Sonorama, aparecieron Delorean para volver a resucitar a los muertos. No importa a que intempestiva hora programes a Delorean. Es la apuesta segura, la fiesta total y la mejor manera de cerrar un festival.

A partir de ahora, conociendo donde para Miranda de Ebro, sabiendo que chaqueta coger, cuánto dinero gastar y que vas a comer una extraña paella con huevo, solo queda decir que nos vemos el año que viene de nuevo, compartiendo “arroz y pop”.

Por Víctor Sebastián
Fotos de Llanos Murcia

1 Comentario en "Ebrovisión 2011, Arroz y Pop a raudales".
1 - Fernan
21 septiembre 2011 a las 23:33 h.

Miranda de Ebro casi 40.000 habitantes…que somos pequeñines y casi como un barrio de Madrid…pero ciudad….no pueblo por dios!!

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