La ansiedad por verles podía tocarse con los dedos. Mientras los Estopa y sus músicos se preparaban para salir al escenario ayer en el Palacio de los Deportes de Madrid, miles de personas tarareaban -cerveza en mano, of course-, algunas de sus más conocidas estrofas intentando acelerar el tiempo.
Tras una introducción de luces y batería, David y José Muñoz se dejaron ver encantados con las primeras notas de Cuando amanece, el primer hit de su último disco, Allenrok. El público, enfervorizado, nutrido de grupos de amigos y parejas de fans incondicionales, coreó la letra hasta desgañitarse.
Pocos grupos españoles logran un estruendo así, y eso que en la zona trasera del recinto el sonido llegaba sólo a medias. Pero el montaje del concierto lo merece casi todo: dos pantallas gigantes en forma de señal de stop, otra central con imágenes para cada canción, una envergadura de 40 metros, etc..
A pesar de no haber agotado las entradas, el lleno era absoluto, o eso parecía, porque el público aguantó de pie toda la actuación. El éxtasis sobrevino al final, con la raja de la falda, los Chichos y esa canción que los hermanos de Cornellà reservan siempre para decir adiós a lo grande: Como camarón.
Sintomático fue que, hasta aquellos que velaban por la seguridad de la gente, sacaran sus teléfonos móviles para grabar el momento. Y que las madres con hijos hicieran de tripas corazón para meterse en el meollo del foso, una verdadera selva. Por una noche, y sin que sirva de precedente, todos fueron Estopa.
me encatan vuestros discos son excelentes.seguir asi cantando de bien.os quiero mocho un beso.
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