Tercer día en el FIB 2011, Lori Meyers, Primal Scream y unos increíbles Arctic Monkeys

| Martes, 19 de julio de 2011

La tercera jornada del FIB 2011 empieza para conciertos 10 con una panorámica de tarde, con la luz, ya algo bajita, de un sol que se ve que estuvo dando fuerte durante el día. Antes del cambio de turno, de que se instalara con fuerza la luna, pudimos comprobar varias cosas: que el número de extranjeros frenéticos era considerablemente menor que la jornada del viernes, al menos, a esas horas; y que Astrud (junto al Col·lectiu Brossa) reúne a lo mejorcito de cada casa, con todo el buen sentido de dicha expresión. Posiblemente uno de los conciertos con mayor afluencia exclusivamente española, con clara tendencia moderna y algunos modelitos imposibles. Un escenario perfecto, el Fiberfib, en un buen entorno para que el grupo catalán diera rienda suelta a su originalidad, a sus letras, a su ironía, a su diálogo, a sus comentarios y a sus gestos; todo un plus que otorga una buena firma de la casa, un sello de identidad difícil de igualar y unos dinamismo y cercanía que ya quisieran muchos tener. La incorporación, en este caso, de los instrumentos de cuerda no resta seriedad ni compromiso alguno a ninguno de sus temas; por contra, consideramos que los engalana. Que las cuerdas los enfundan en un traje de chaqué que saben defender perfectamente bien combinados con o sin tacones. Astrud se marca otro tanto y sale victorioso y ganador.

Cruzando el recinto casi de punta a punta y gozando un poco del amplio espacio disponible, nos dirigimos al principal, al Maravillas, el que tampoco deja títere con cabeza, para ver a Lori Meyers que, pese a que no es nuevo grupo en nuestro repertorio, siempre es una apuesta segura. No nos ocurrió lo mismo que con los Strokes (aunque jueguen en ligas diferentes). Las expectativas que llevábamos con los granaínos fueron las esperadas, las que tras el concierto cumplen el nivel de efusividad y entrega. Cierto es que, muy a nuestro pesar, los niveles de “duración del concierto” y “repertorio” no fueron los más justos ya que fue un directo breve (eso sí, intenso) y huérfano de grandes temas como “En sus zapatos” o “La mujer esponja”; aunque, no importa nada, y se lo perdonamos todo, si con éxitos impactantes como “Luces de neón” o “Alta fidelidad” nos hacen sacar el hígado por la boca para ir perdiendo progresivamente la poca voz con la que ya empezábamos a cantar sus canciones.

Mumford and sons, con ese nombre de empresa de mudanzas o de fontanería de alguna serie de éxito de la HBO triunfaron más entre el público brit que entre el spanish. Pero ahí los programadores del festival habían sido inteligentes: no en vano el buen rollo nacional era granadino y había brillado en ese mismo escenario un rato antes. Allí, bajo banderas galesas entre el público, comenzaron el concierto con “Sigh no more” y con su segunda elección “Little lion man” ya tenían ganados a sus seguidores. Pero a nosotros no terminaron de cautivarnos. Quizá era un poco tarde o un poco pronto para tanta languidez. Necesitábamos algo más animado y lo encontramos en el FIB Club donde tocaban Logo.

Lo que ocurre en ocasiones como esta es que, de vez en cuando, encuentras alternativas más minoritarias que se adaptan a las necesidades del momento. Fuera por el motivo que fuera, nosotros dimos con Logo, un dúo de música electrónica francés del que, hasta la fecha, conocíamos poco y cuya información, al menos de momento, escasea un tanto. Son considerados como la gran promesa de la electrónica francesa, con lo que ello supone teniendo a unos padres mayúsculos como los Daft Punk. Fue una puesta en escena sobria, sin mayores pretensiones, unas canciones que hasta muy posiblemente, en cualquier otro momento, podrías no haberlas bailado y haber prescindido de ellas; pero, por alguna extraña razón, Logo simpatizaron con nosotros, nos removieron la energía que llevábamos dentro y nos dieron paso para los otros grandes platos fuertes que se avecinaban inminentemente.

Eran las 00:00h otra vez y esa hora ya había tenido un sabor muy especial la noche anterior. Difícil decidirse a qué elegir. Se acercaba el momento en que los monos aullarían desde el Maravillas y, por su parte, el sorprendente y bailable Logo seguía haciendo de las suyas. Fue el primer y único momento en que nos separamos. Extraño si tenemos en cuenta los terribles solapamientos de horarios con los que nos torturan este tipo de festivales. Pero ahora si queríamos estar más evocadores. Era el momento de imaginar que un desfile de elefantes atraviesa el desierto; la hora de cerrar los ojos para ver cómo un grupo de bailarines oscuros se balancea bajo los sones más folckóricos; de dirigir la mirada hacia la luna y las estrellas. Era el instante de Beirut y nadie podía romper la magia que envolvía al público con sus flautas, trompetas, tuba, xilófono, trombones, mandolina y ukelele. Los de Zach Condon suenan como una ecuación perfecta de Kusturica o Yann Tiersen y el solista canta como los ángeles, pero con su propio estilo, y ya sabemos que el FIB siempre reserva un hueco, año tras año, para estas melodías tan envolventes. Quizá el error fue empezar con hits menos conocidos tratando de explotar su nuevo álbum. Pero hacia el ecuador del concierto, cuando sonaron “Cherbourg”, “Postcards from Italy” y, sobre todo, el que es su mejor himno, “Nantes”, tanto el público que los veía de pie como aquel que disfrutaba del buen rollo de escucharlos sentados (y no por ello lejos del escenario), no podía dejar de balancearse de lado a lado. Y es que en directo, los de Nuevo México ganan incluso más.

Puede que este ritmo tan tranquilo y ambiental, nos hiciera sentir que los Arctic Monkeys eran demasiado duros para nosotros en ese momento. Pero eran cabeza de cartel y nos consta que el público vibró con dos de las mejores piezas de su primer disco, “The view from the afternoon” y “I bet you look good on the dancefloor” y de ahí la locura ya no se pudo parar.

Y no se pudo parar porque faltaba por deslumbrar Primal Scream. Y ése debería ser el título por excelencia del FIB 2011, al menos hasta la jornada del sábado y a la espera de lo que pasara en el increíble directo con el que siempre nos obsequia Arcade Fire. Su repaso y su increíble show con Screamdelica es un pasaje fundamental de la Biblia del rock: atmósfera, proyecciones, sonidos gospel, camisa plateada… Gran actuación de Gillespie (una mezcla especial entre Mick Jagger y Dave Gahan) y su banda. Un momento en que el público se entregó y lo dio todo, un espectáculo en el que teníamos la sensación de estar asistiendo a un concierto histórico, de esos en los que hay que estar al menos una vez en la vida y poder contar “yo estuve en aquel lujazo musical que los Primal Scream nos obsequiaron en el FIB 2011”. Elegancia, eclecticismo, estilo… son palabras que nos vienen a la cabeza haciendo un brainstorming rápido. Todas empiezan casualmente por “e” y no es de extrañar porque los de Glasgow tienen estrella. Temazos como “Moving on up”, “Get your rocks off”, “Higher than the sun” o “Loaded”, rescatados (no lo olvidemos) de un disco de hace justo 20 años y de absoluta vigencia en la actualidad, declarado como uno de los mejores en la historia de la música. Psicodelia y música negra en interminables canciones que tampoco queríamos que se acabasen nunca… para desatar a los ya asiduos y a los que aún no se habían enterado de que debían comenzar a serlo. Somos de la teoría de que cuando un concierto es realmente bueno, cuando tanto el público como la banda fluyen como una sola marea, coincide con el momento en que el cantante salta al foso. En este FIB hemos visto esta acción por parte de los Friendly Fires, los Lori Meyers y, como no, los Primal Scream. ¿Algún cantante saltaría al foso a fusionarse con los fans en la jornada de domingo?

Extasiados y boquiabiertos con la energía removida por los Primal, cualquier cosa que se viniera entonces resultaría de difícil adaptación. Hacen falta unos cuantos minutos para reposar pero si algo sucede en los festivales es que el tiempo avanza, y la gente también y, aunque suene a tópico, no hay tiempo que perder. Convulsionados por la borrachera psicodélica decidimos enfrentarnos a otro indiscutible en su género, a un simpático Amable del que ya conocemos su forma y su sentido, al que ya hemos bailado mil veces en su ciudad natal y en su lugar de residencia. Aún así, nunca es lo mismo bailar encerrado entre cuatro paredes que hacerlo al aire libre, con los restos que otros grupos y cantantes van dejando sobre el escenario. Intentamos coordinar nuestro biorritmo a los hits que nos preparaba, uno a uno, este Dj y así nos fuimos inmiscuyendo en la masa, fundiéndonos en el baile grupal de todos los que allí asistimos a su lista de temazos. Brazos al aire, caderas preparadas y todo un día por delante, el recién inaugurado domingo, para poder descansar antes del colofón final.

Por Mar Solana y Nacho Díaz

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